Carta a la LUDOPATIA

Madrid, 21 de mayo de 2018

Desdeñada pero no olvidada Ludopatía:

En otro tiempo hubiera encabezado esta carta con los epígrafes Querida Ludopatía u Odiada Ludopatía, según la sensación amor-odio que imperara en dicho momento.

Ahora que hace dos meses hice la firme promesa de dejarte de una vez para siempre y estoy intentando que nuestra separación sea definitiva, no siento más que desdén por todos los años transcurridos desde que iniciamos nuestro conocimiento hasta este momento de decirnos adios, ójala que hasta el fin de mi vida.

Nos conocimos muy jovenes (apenas tenía 19 años, y aunque nuestras reuniones en principio eran esporádicas, pronto comenzamos a juntarnos más a menudo hasta que, sin yo darme cuenta, habiamos formado una pareja estable, que, sin embargo, a consecuencia de lo malsano de nuestra relación, tuvimos nuestra primera crisis grave dos años después, crisis que supuso para mi el ser despedido de mi trabajo y perder la casa en la que habia formado mi hogar con mi esposa y mis dos hijos pequeños.

Unos cinco años después volvimos a encontrarnos y, sin saber muy bien como explicarlo, volvimos a entrar en la vorágine experimentada años atrás, hasta que una nueva crisis echó por tierra nuestras espectativas. Esta vez en mi afán de separarme de ti por un sentimiento tardío de culpa, me costo ir a la cárcel, casi perder nuevamente mi trabajo y, sobre todo, casi perder a mi familia.

Aún así, yo estaba a gusto contigo, aunque ante los demás no lo aparentara e incluso negara conocerte, pero no pararon de asaltarme tanto entonces, como antes he detallado, como en nuestras sucesivas etapas de convivencia, crisis de conciencia que yo apagaba, pensando y autoengañándome que tu compañía no era nociva y que antes o después me premiarías haciéndome alcanzar la fortuna, a partir de donde se despejarían todas mis dudas y mis problemas.

Bien es verdad que tu compañía me brindaba momentos de gran excitación, aquellos momentos previos a la búsqueda de los números premiados que me me harían rico de una vez para siempre, además de hacerme soñar con grandes proyectos que nos beneficiaran tanto a mi mismo como a los que me rodeaban, aunque ahora estoy convencido que no eran más que trampas que unicamente servían para abastecer mi ego y ligarme aún más a ti.

Pero la verdad es que tu presencia no hacía más que traer nuevas dificultades, tanto a mi como a mi entorno familiar, lo que suponía un sufrimiento continuo para todos y un miedo cerval a que todas las calamidades que traía nuestra relación pudieran acabar de forma trágica. De hecho, la idea del suicidio me rondó durante más de veinte años, idea que intenté llevar a la práctica en nuestra última crisis y que, afortunadamente, no llegó a su final y si, confío en ello, contribuyó a nuestra separación definitiva.

Ya no podremos hacer juntos planes de recibir una recompensa inmediata que nos lleve a la tranquilidad económica y al bienestar, aunque ciertamente nuestra relación se ha caracterizado siempre por los efectos contrarios, y ya no tendré que esperar, como un niño el día de Reyes, que a la mañana siguiente mis zapatos estén llenos de regalos en forma de dinero gracias a tu intervención..

La única Fortuna con mayúsculas que veo en estos momentos, es la de que cada uno llevemos caminos separados; a mi me dará la paz y tranquilidad que en cincuenta años no he tenido, y a ti te dará igual, ya que desde el origen de los tiempos siempre has sido promiscua y encontrarás nuevos amantes-victimas. Por todo ello pienso aprovechar esta última oportunidad que se me ha brindado para, si no olvidarme de ti porque es imposible, si a tratarte con el desdén y la indiferencia que te mereces, no haciendo ningún caso a tus futuras promesas y halagos y desarrollando el tiempo que me quede de vida con la normalidad que creo ya me merezco y rodeado de mi entorno familiar, que a pesar de todas mis caidas no me ha abandonado y que ha estado siempre intentando ayudarme, a pesar de que yo haya rechazado hasta ahora dicha ayuda, y a los que creo que por muchos años que me queden nunca podré agradecerles lo suficiente todo lo que han hecho y están haciendo por mi hasta este momento.

Si algo he de agradecerte en el final de nuestra relación es el hecho de haber vuelto a sentirme integrado en mi familia, tener una comunicación fluida con todos y cada de sus miembros, haber recuperado el gusto por la vida y por aquellas pequeñas cosas de las que disfruté en tiempos y que había ido abandonando poco a poco, la lectura que estimula el ansia de nuevos conocimientos, la música que relaja las tensiones y aviva los sentidos, el teatro y el cine que habían sido dos de mis pasiones y que, al igual que todo lo anterior, había ido abandonando paulatinamente al dedicar la mayor parte de mis pensamientos unicamente a ti.

Confiando como ya he dicho en no volverte a ver me despido de ti para siempre con el único sentimiento de pena hacia aquellos que te conocen, que no saben salir de las trampas que vas tendiendo por todas partes y que por tanto pueden terminar en la mayor de las ruinas, con sus vidas y las de los que les rodean destrozadas, o en las garras de la muerte.

A.

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